¿Y AHORA QUÉ?
- Marcos Vázquez
- 28 jun 2016
- 5 Min. de lectura
Otra vez elecciones. El 20-D se saldó con unos resultados que ya de por sí dejaban muy en el aire la gobernabilidad de España, sin un vencedor claro, y con la incógnita de los pactos.
En estas nuevas elecciones lo único que parecía cambiar con respecto a las anteriores era la candidatura de Unidos Podemos, coalición de Podemos e Izquierda Unida, estos últimos muy perjudicados en el 20-D, debido al sistema de reparto de escaños, al haber obtenido casi un millón de votos y solo haberles sido asignados dos escaños.
La coalición se presentaba como la principal alternativa al PP, y todas las encuestas daban por hecho el denominado “sorpasso”, ya que auguraban que Unidos Podemos sería la segunda fuerza en las elecciones. De hecho, las mismas encuestas a pie de urna lo daban por seguro.
Sin embargo, una vez más, las encuestas se volvieron a equivocar, dejando un panorama bien distinto:

¡No hay “sorpasso”! Unidos Podemos obtiene los mismos escaños que Podemos+IU en 2015, y pierde votantes (1,2 millones). El PSOE remonta algo en comparación con las encuestas, suficiente para seguir como segunda fuerza política (a pesar de obtener, otra vez, los peores resultados de su historia). Ciudadanos pierde, pero no tanto como se esperaba, y, sin duda, el gran beneficiado de todo esto es el PP, que se afianza en el primer puesto, volviendo a ganar las elecciones y presentándose, esta vez sí, como la alternativa más fuerte de gobierno.
Ahora surgen dos preguntas. La primera es: ¿Por qué? Si miramos el mapa electoral de los resultados por provincias, vemos que en casi todas ellas gana el PP. Incluso en Andalucía, tradicional feudo socialista, el PP se impone en cinco de las ocho provincias. Este dominio del PP castiga las discrepancias durante toda la campaña de las dos principales formaciones de izquierdas, además de aprovecharse de la pérdida de relevancia de Ciudadanos, en mi opinión, castigado por la variabilidad en su política de pactos, optando por el PSOE cuando en principio se preveía un acercamiento al PP, partido al que seguramente ha cedido algunos votantes; ya que, ante el miedo real de que se confirmara el “sorpasso”, y de que Pedro Sánchez pudiera apoyar a Unidos Podemos para que Pablo Iglesias fuese presidente del gobierno, muchos indecisos han decidido dar su apoyo a Mariano Rajoy, optando así por un gobierno más conservador, alejado de radicalismos y populismos. Esta ha sido, para mí, la principal causa del buen resultado del PP.
El bajón de Unidos Podemos es sin duda lo que más llama la atención de estos resultados. Es posible que el Brexit haya tenido influencia en esto, dado que, según los analistas, posiblemente iba a hacer que los españoles optaran por los partidos tradicionales, PP y PSOE (sobre todo PP), perjudicando así a la formación morada. Además, la coalición había intentado reunir los votos de todos los sectores de la izquierda, integrando a antisistemas, comunistas, socialdemócratas… lo cual provoca que muchos de ellos terminen por no estar conformes con la coalición y se decanten por otras opciones que se ajusten más a su ideología.
Por otra parte, si se observa la evolución de las encuestas, se ve que, alrededor de diciembre de 2014 y enero de 2015, Podemos alcanza su máximo en intención de voto, llegando a situarse primero en intención directa, ya que era visto como la mejor alternativa a PP y PSOE. Lo mismo ocurrió unos meses antes del 20 de diciembre con Ciudadanos, al que algunas encuestas de los días previos a los comicios le situaban incluso segundo o, por lo menos, a poca distancia del PSOE, dejando a Podemos como cuarta fuerza, muy por debajo en intención de voto.
Pues bien, al igual que pasó con la subida inicial de Podemos en las encuestas (al ser visto como una nueva opción), la de Ciudadanos se quedó en nada en las elecciones anteriores, obteniendo solo 40 escaños.
Bajo mi punto de vista, algo parecido ha sucedido con Unidos Podemos en estas elecciones, ya que, en principio, iba a atraer a muchos votantes del PSOE, sumando más que Podemos e IU juntos en 2015; en cambio, ha perdido votos, a pesar de ser fuerza mayoritaria en Cataluña y País Vasco, gracias a parte del voto independentista, al que Podemos ha atraído con sus propuestas sobre un referéndum, ya no solo en Cataluña, sino también en el País Vasco, comunidades donde los nacionalismos hacen que (como muestra el mapa por provincias) el panorama político sea bien diferente al del resto de España, con abundancia de radicalismos, ejemplificados en los resultados de Unidos Podemos, Esquerra Republicana de Cataluña, CDC, Partido Nacionalista Vasco, EH Bildu…
La otra pregunta que surge (y que hoy es quizás la más importante) es: ¿Y ahora qué? Lo que las elecciones vuelven a reflejar es un panorama plural, de nuevo difícil de gobernar. Así que toca hacer números y, sobre todo, tienen que entenderse los partidos. El gobierno lógico, vistos los resultados, sería uno encabezado por el PP, al ser de largo la formación más votada. Aun así, es difícil que consiga gobernar, ya que, salvo algunas voces aisladas como el presidente de Extremadura, el PSOE rechaza contundentemente apoyar a Mariano Rajoy o incluso abstenerse en su investidura, alegando que debe buscar sus apoyos en ideologías afines, resaltando así el espíritu del bipartidismo, al que no renuncia el PSOE, que sigue viendo al PP como principal oponente, y que por ello rechaza pactar con él (porque, además, según Pedro Sánchez, estaría traicionando a sus votantes al apoyar a los populares).
Por otra parte, Ciudadanos mantiene la estrategia de su campaña y dice que tampoco va a apoyar la investidura de Rajoy, a pesar de que ya no es tan rotunda su negativa al PP después de los resultados obtenidos. Aun así, solo el apoyo de la formación naranja no bastaría, por lo que el objetivo principal de Rajoy para gobernar debe ser buscar el consenso con el PSOE, algo que parece difícil en estos momentos.
Por otro lado, está la opción (menos factible que en las anteriores elecciones, pero está) de que Pedro Sánchez sea presidente. Para ello necesitaría el apoyo de Podemos, además del de nacionalistas catalanes y vascos, lo cual no parece una buena alternativa, dado que el gobierno sería muy inestable y se podría romper la unidad de España, con lo cual no parece nada viable esta posibilidad.
Así pues, si Pedro Sánchez no puede ser presidente (porque se descarta en principio el apoyo de Ciudadanos y Podemos, al declararse ambos incompatibles entre sí), lo tiene que ser Mariano Rajoy; no obstante, si no tiene el apoyo ni de Sánchez ni de Rivera, la situación está igual que hace seis meses, y nos veríamos avocados a unas terceras elecciones. Obviamente, esto no le gusta a nadie, así que depende del sentido común de los partidos dejar de lado sus intereses particulares, llegando a un acuerdo por el bien y la estabilidad de España.