EL VERDADERO CAMBIO
- Alfredo Pérez Lacha
- 7 jun 2016
- 2 Min. de lectura
Queridos lectores:

Vivimos en tiempos convulsos, durante los últimos cuatro años se han perdido derechos civiles que se habían ganado con el ejercicio de la democracia, y con la voluntad del cambio. La voluntad de cambio, es simplemente un ejercicio de querer cambiar la situación que vive nuestro país, otorgando a los ciudadanos/as su derecho a ejercer su voz, y que su voz tenga poder en las Instituciones democráticas del Estado, desde la participación civil de las personas y de forma pacífica.
En los meses pasados las urnas hablaron y no hubo acuerdo, pero este fracaso nos dice que hay que dialogar para cambiar y recuperar la voz y la voluntad del pueblo. Es un momento histórico en donde las fuerzas políticas se ven obligadas a pactar por el bien del interés general, y en donde los egocentrismos no tienen cabida, pues es el momento de doblegar en parte nuestras voluntades totalitarias y pensar en las partes del todo, de todos los proyectos políticos de las fuerzas del cambio que hacen un todo (entendiendo por fuerzas del cambio, aquellas que tienen la voluntad de dialogar y cambiar la situación de nuestro país sin mirar siglas políticas), en su máxima expresión democrática, que han sido resultado de las pasadas elecciones y que ha originado un parlamento fragmentado, pero no necesariamente dividido (aunque lo está).
Lo que está en juego son las políticas que se van a aplicar los próximos cuatro años, y en donde recuperar los derechos de la población civil ante un situación de crisis pasada, pero no terminada, es primordial para que desaparezcan las desigualdades, y se recupere el equilibrio entre los más débiles y los más poderosos. Es el momento en donde el “Poder” debe centrarse en el bienestar de la población mayoritaria, que ha perdido parte de sus derechos debido a la mala gestión que desde el “Poder” se hizo en las Instituciones.
Cuando se habla de cambio, no es tanto hablar de cambio de sillones, sino de cambio de políticas y proyectos para un “País y su Pueblo”, y para ello hay que mirar el futuro y proyectar la visión de lo que las voces del cambio han querido manifestar en estos tiempos tan difíciles, en donde se ve que la participación y el diálogo son la base de toda democracia avanzada.
Mirar al pasado debe ser solo para aprender de nuestra historia. Lo que se hizo bien se hizo bien, y lo que se hizo mal se hizo mal. Proyectar el pasado sobre el presente o el futuro no es siempre acertado, a no ser que sea para recuperar un derecho perdido que beneficia a la mayoría de la ciudadanía. Intentar proyectar el presente hacia un futuro de todos y para todos, en donde compartamos lo que nos une, y no lo que nos separa, es siempre aconsejable.